Jardines del mundo - Jardines de la Granja de San Ildefonso
Si queremos pasar un día inolvidable, rodeados de un entorno natural único, tenemos el lugar perfecto. Cerca de la capital, en Segovia, se encuentra el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso, uno de los paraísos naturales y culturales más importantes de la Península Ibérica. Los Jardines están abiertos al público todos los días del año, desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde en invierno y las nueve de la noche en verano.
Además de poder disfrutar de la flora de los jardines, de los increíbles ejemplares de árboles y arbustos, de la fragancia de las flores y plantas, el Real Sitio acoge numerosos monumentos, desde el Palacio Real, hasta esculturas mitológicas y bellas fuentes, que hacen del lugar un auténtico edén. Por si fuera poco, existe un divertido laberinto de setos que transportará al visitante a lugares mágicos de leyenda. Para visitar Las Partidas de la Reina, El Jardín de la Botica y la Piscifactoría, hay que contactar con Patrimonio Nacional.
Las fuentes no están en continuo funcionamiento debido al necesario ahorro de agua: este elemento es imprescindible para el mantenimiento de los grandes jardines, aunque existen ejemplos como la fuente de los Baños de Diana, que tiene un grupo de bombas hidráulicas para poder recuperar el agua y que funcione independientemente de las existencias.
Historia del Real Sitio
Los
Jardines de La Granja de Sal Ildefonso tienen su origen a mediados del siglo XV,
así que se puede decir que tienen más de 500 años de historia. El rey Enrique IV
de Castilla ordenó levantar en la zona donde ahora se encuentran los jardines
una ermita dedicada al Arzobispo San Ildefonso.
Los Reyes Católicos donaron la ermita y la parcela a los monjes del monasterio de El Parral en 1477. Ya a mediados del siglo XVII monjes jerónimos levantaron una granja en ese lugar, siendo residencia de los monjes y dando lugar ya a la Granja de Sal Ildefonso propiamente dicha.
Felipe V quedaría fascinado por la belleza natural
de la zona tras una visita al Palacio de Valsaín, por eso mandó construir un
Palacio siguiendo el ejemplo de su abuelo Luis XIV en Versalles. Felipe V quería
retirarse a este Palacio para abdicar en la figura de su hijo Luis I, pero la
repentina muerte su vástago le hizo regresar al trono.
Junto a su esposa, Isabel de Farnesio, comenzaron nuevas obras de ampliación y acondicionamiento del Palacio y los Jardines. Teodoro Ardemans fue el arquitecto que llevó a cabo las obras en 1721. El resultado es un ejemplo de barroco español de estilo franco-italiano. Antes de convertirse en un Palacio, tuvo otros cometidos para la monarquía como, por ejemplo, la Real Fábrica de Vidrios y Cristales.

Son muchos los que parecen haber tenido esta
misma idea, ya que, según nos cuenta Amadeu Camps, responsable de comunicación
del Jardín Botánico, "el año pasado visitaron el Jardín 33.253
personas, lo cual supone una media de 91 al día (abrió 364 días)", y
añade, "no destacaría un sector de la población en particular que venga, aunque
posiblemente los que más lo hagan sean personas jóvenes, de
entre 20 y 35 años".
Además cuenta con un
invernadero y se estructura en 71 fitoepisodios, que son comunidades
vegetales construidas de forma artificial que imitan la distribución natural.
Estos fitoepisodios forman parte de las diferentes zonas mediterráneas
representadaen el Jardín.
El respeto hacia el terreno natural de
la zona, la conservación de la multiplicidad de especies catalanas y su
divulgación científica son aspectos esenciales del Jardín.
Se localiza en la vertiente
septentrional de la montaña de Montjuic, entre el Estadio Olímpico y el
Castillo, concretamente en la calle Doctor Font i Quer del parque de Montjuic.
Inaugurado en abril de 1999,
este fantástico paraje se encuentra en una zona privilegiada de la Ciudad
Condal, el parque de Montjuic. Desde este enclave las vistas
son excelentes: el Palacio Nacional de Arte de Cataluña, el Estado Olímpico
Lluís Companys, el mar o la Sierra del Garraf. Todo un oasis en el centro de la
capital catalana.
Al visitar el Botánico, podremos disfrutar de
un recorrido por las diferentes especies procedentes de regiones con
clima mediterráneo; desde la cuenca del Mare Nostrum hasta el
oeste de California o la parte central de Chile, un extremo de Sudáfrica y
Australia meridional. Además, la vegetación subtropical oriunda de las Islas
Canarias alcanza un gran protagonismo.
La geometría del trazado es plenamente observable al llegar.
En seguida nos percatamos del eje central a partir del cual surgen los
secundarios. Las avenidas se disponen en forma de estrella mientras que los
estanques coronan las intersecciones. Diferentes niveles sirven para organizar
todo el conjunto y cada elemento está colocado siguiendo unas medidas y
cumpliendo funciones específicas.
Por su parte, las esculturas y fuentes son fieles a la
historia de Apolo, el dios del Sol, cuyo carro con cuatro caballos preside el
gran estanque del extremo occidental. Otro ejemplo destacable es la madre de la
deidad solar, Latona, colocada en la fuente central. La mayoría de las fuentes
poseen varios surtidores de agua que, a su vez, están equipados con una amplia
gama de efectos hidráulicos como, por ejemplo, el estanque de Neptuno, una
fantástica atracción de noche. Para surtir de agua a los elementos acuáticos,
matemáticos e ingenieros pusieron todo su empeño para crear una red hidráulica
maestra.
Las partes no centrales de los jardines tienen también un
encanto muy especial. Por una parte está el Invernadero de los Naranjos, uno de
los hitos arquitectónicos de Jules-Hardouin Mansart. Este peculiar invernadero,
queda rodeado por la mítica Escalera de los Cien Peldaños. Su ubicación lo hace
impermeable de forma total mientras que su calculada orientación permiten que en
invierno se mantengan temperaturas de entre los 5 y los 8º C. Lo que más llama
la atención es su gran colección arbórea, entre las que se cuentan más de 1.080
especies: naranjos, limoneros, granados, palmeras, adelfas, etc.
Existe otra parte de los jardines de Versalles de gran
arraigo: el Huerto del monarca, de donde salían los manjares que servían de
alimento al monarca y a su corte. Los trescientos años que amparan el cultivo de
algunas especies, ya son excusa suficiente para ver con nuestros propios ojos
las bondades de esta huerta histórica. Por otra parte, hay que considerar el
'arboretum' de Chèvreloup, un espacio donde conviven más de 2.000 especies
provenientes de todo el mundo y, por último, el hoy denominado Gran Jardín,
donde se practicaba la caza durante el Antiguo Régimen.
El
Rey Sol veía desde su trono a París como una ciudad en la que el bullicio y el
ruido crecían de forma imparable. En un deseo por escapar de esa capital
ensordecedora, Luis XIV propuso la determinación de un espacio verde de
dimensiones faraónicas en donde el orden y el buen gusto dejaran patente el
poder de la elite aristocrática, al tiempo que la dedicaban a ésta un número
asombroso de hectáreas para su completo deleite. El sueño del rey se llamó
Versalles.
El polémico Luis XIV dejó en manos de André Le Nôtre, conocido experto
en botánica, arquitectura y pintura, la planificación de los vergeles, cuya
construcción duró una década; desde 1660 a 1670. Las frecuentes modificaciones
sujetas al antojo del Rey Sol, transformaban los elementos del paisaje casi
diariamente: jarrones con flores frescas, limpieza de los estanques, repaso de
las formas geométricas de setos, etc.
Además de estos jardines, Le Nôtre fue el responsable de los
jardines de Vaux-le-Vicomte entre los años 1656 y 1661, modelo que le serviría
de inspiración para el propio Versalles. Otras de las obras maestras de este
botánico francés fueron los jardines de Fontainebleau (1662 - 1687), los
jardines de Chantilly (1663 - 1688), los jardines de Saint-Cloud (1665 - 1678) y
los jardines de Clagny (1674 - 1676).
El trono francés en la mitad del siglo XVII estaba ocupado por uno de
los reyes más carismáticos del país galo: Luis XIV, conocido como Rey Sol. La
búsqueda de paz y, al mismo tiempo, su impulso irrefrenable hacia la muestras de
prepotencia, le llevo a instaurar una nueva concepción paisajística que no
escatimara en detalles que fueran fieles a los ideales de poder, partiendo éstos
jardines de un eje central y extendiéndose hasta alcanzar escalas
monumentales.
Esta especie tiene un crecimiento
bastante libre. Para adecuar su forma a nuestro gusto personal, la podaremos una
o dos veces al año, así conseguiremos, además, mantener los tallos fuertes y que
la planta sea más compacta y densa. La estación más adecuada para hacerlo será a
finales de verano o aprovechando el cambio de
Aunque esta especie se mantiene sana
fácilmente, puede sufrir algunos trastornos a los que debemos
prestar atención:


