Cómo cultivar ajos
Se cree que el origen del ajo se encuentra en el sureste de Asia o en el sur de Europa. Cultivada desde muy antiguo por los egipcios, los griegos ya la usaban como remedio medicinal. Por ejemplo, Hipócrates ya la recetaba para los tumores uterinos. Actualmente se cultiva en todo el mundo, y es muy apreciada por sus propiedades medicinales, ya que contiene gran variedad de compuestos químicos con efectos beneficiosos para la salud.
Algunas de las propiedades más reconocidas son la reducción del colesterol, el efecto antihipertensivo, la prevención del cáncer de estómago, el aumento de la capacidad del sistema inmunológico y el efecto antibiótico. Los dientes de ajo se usan como condimento de cualquier tipo de plato o salsa. Para aprovechar al máximo sus propiedades es conveniente machacarlo y cocerlo. También se consume cosechado tierno.
Un poco de botánica
Es una planta de la familia de las liliáceas y su nombre científico es Allium sativum. Es muy parecida a la cebolla, y también produce un bulbo a partir de las reservas acumuladas en la base de las hojas. El bulbo del ajo se diferencia porque está formado por unidades elementales llamadas dientes. Su número depende de la variedad y las condiciones ambientales: puede ser de dos o tres hasta 15 o más. Es una especie bianual, con un ciclo de vida de dos años.
Tiene unas raíces muy numerosas y cortas, lo cual hace que sea una planta muy bien adaptada al cultivo en el huerto urbano. Para formar el bulbo, necesita temperaturas suaves y una duración del día larga. Existen dos grupos de variedades: los ajos blancos y los rosados. Los blancos se conservan mejor y se suelen consumir secos, mientras que los rosados se comen más tiernos. Dentro de estos dos grupos, hay muchas variedades, con diferente duración del ciclo y adaptación a diferentes climas. A nivel local también existen muchos tipos.




