Calabaza gigante
Si pensamos en cultivar un huerto en el exterior de nuestro hogar, o introducir nuevas variedades en éste, hemos de pensar en la familia de las cucurbitáceas. Ésta engloba hortalizas como el pepino o el melón, así como el calabacín o la cucurbita maxima que no es otra que la calabaza grande. El cultivo de éste último fruto cumplirá una doble función: por un lado lo utilizaremos en la cocina en múltiples recetas y, por otro, producirá un gran efecto decorativo en el jardín.
El origen de la calabaza se sitúa en diferentes partes del mundo. Su cultivo era habitual en México, donde formaba parte de la dieta de la civilización maya, así como de la China o India; su uso se extendía incluso a la fabricación de objetos del hogar como cucharas o de instrumentos musicales.
La calabaza grande, de piel gruesa y color anaranjado, adquiere un tamaño considerable, llegando a batir verdaderos récords de tamaño y peso.
Cultivo espaciado
Lo primero que hemos de tener en cuenta a la hora
del cultivo es que necesita un espacio amplio para
desarrollarse, por lo que en el huerto situado en un jardín, posiblemente
pequeño, no plantaremos más de dos o tres ejemplares, con un espacio mínimo de
uno o dos metros entre ellos.
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A principios de la primavera realizaremos el cultivo de las semillas, tres o cuatro en cada orificio. Esto nos permitirá que cuando las plantas comiencen su desarrollo podamos elegir la mejor de cada ubicación y eliminar las demás. El terreno más adecuado, en un lugar soleado y protegido del viento, ha de tener un buen drenaje.
Los cuidados más sencillos
El riego es importante para el correcto
crecimiento de nuestra hortaliza; sin embargo, es preferible regar alrededor del
vegetal o por goteo, ya que el agua directa sobre el vegetal o el fruto
produciría podredumbre. Aunque la calabaza no es excesivamente exigente en
nutrientes, la cultivaremos en un terreno fértil y añadiremos abono natural
para su desarrollo óptimo.
La recolección tiene lugar durante el otoño, cuando el fruto ha madurado, ha alcanzado su tamaño máximo y la piel está completamente endurecida. Es importante retirarlo de la planta antes de que comiencen las primeras heladas; lo conservaremos en el interior en un lugar fresco.
Combate las enfermedades y plagas
Uno de los hongos que suele padecer
la calabacera es el oidio, que hará que las hojas se marchiten;
para evitarlo aplicaremos fungicidas específicos. El mildíu es
otra enfermedad bastante común; lo evitaremos garantizando la buena ventilación
del vegetal.
En cuanto a las plagas que aparecerán destacan el pulgón negro, que combatiremos con agua jabonosa, y la araña roja, que seca las hojas y que eliminaremos mediante un acaricida. Asimismo, no olvidaremos eliminar regularmente la maleza, que resta nutrientes a la planta y que entorpece la prevención contra las enfermedades.


Para un desarrollo equilibrado se
aconseja cultivarla en el exterior. Lo más frecuente es ubicarla en el
jardín en todas las estaciones del año, ya que no temen a bajas temperaturas. La
fortaleza que la caracteriza permite soportar hasta los -7 ºC, pero puede perder
su follaje a los -3 ºC.
La floración se da a finales de invierno y
principios de primavera y, para que te sorpendas con flores más
grandes, se recomienda retirar las hojas que se ubican justo debajo de
la flor, en cuanto ésta empiece a abrirse. Para un mejor cuidado, se aconseja
cortarle los tallos florales marchitos y posteriormente podar todos los que
hayan florecido desde la parte más baja.


