Jardines históricos - Versalles (3)
Un recorrido que merece la pena
Todos los que
visitan estos jardines regresan habiendo contemplado un espectáculo plagado de
belleza en el que merece la pena perderse por su increíble suntuosidad y armonía
creativa. Además, de cara al turismo, se celebran eventos nocturnos de fuegos
artificiales y juegos de luces. Se dice que, en su época de mayor esplendor, los
jardines de Versalles se repartían por 8.000 hectáreas guardadas por un muro de
43 Km. Hoy se trata de un espacio vegetal de unas 100 hectáreas, por lo que se
aconseja tiempo libre y un calzado cómodo si se pretende visitarlo.
La geometría del trazado es plenamente observable al llegar.
En seguida nos percatamos del eje central a partir del cual surgen los
secundarios. Las avenidas se disponen en forma de estrella mientras que los
estanques coronan las intersecciones. Diferentes niveles sirven para organizar
todo el conjunto y cada elemento está colocado siguiendo unas medidas y
cumpliendo funciones específicas.
El palacio está rodeado de terrazas y parterres confiriéndola equilibrio. Algunos de los parterres más atractivos son el del 'Mediodía', un 'broderie' o encaje de boj repleto de flores o el del 'Norte', con césped y boj. Según se baja desde el edificio real, el viajero encuentra el denominado 'Tapis Vert' o alfombra de césped y, a continuación, el Gran Canal de estilo veneciano que sirve de instrumento de división (23 hectáreas de estanque) y profundidad (5,5 Km. de perspectiva). 9 de los 14 bosquecillos que existieron antaño y avenidas con hileras de árboles, se reparten a ambos lados de los ejes del Gran Canal. Todos los árboles están perfectamente cuidados para conservar las formas puras.
Por su parte, las esculturas y fuentes son fieles a la
historia de Apolo, el dios del Sol, cuyo carro con cuatro caballos preside el
gran estanque del extremo occidental. Otro ejemplo destacable es la madre de la
deidad solar, Latona, colocada en la fuente central. La mayoría de las fuentes
poseen varios surtidores de agua que, a su vez, están equipados con una amplia
gama de efectos hidráulicos como, por ejemplo, el estanque de Neptuno, una
fantástica atracción de noche. Para surtir de agua a los elementos acuáticos,
matemáticos e ingenieros pusieron todo su empeño para crear una red hidráulica
maestra.
Otros rincones maravillosos
Las partes no centrales de los jardines tienen también un
encanto muy especial. Por una parte está el Invernadero de los Naranjos, uno de
los hitos arquitectónicos de Jules-Hardouin Mansart. Este peculiar invernadero,
queda rodeado por la mítica Escalera de los Cien Peldaños. Su ubicación lo hace
impermeable de forma total mientras que su calculada orientación permiten que en
invierno se mantengan temperaturas de entre los 5 y los 8º C. Lo que más llama
la atención es su gran colección arbórea, entre las que se cuentan más de 1.080
especies: naranjos, limoneros, granados, palmeras, adelfas, etc.
Algunos de los árboles que guarda este invernadero tienen más de 200 años y están plantados en macetas para hacer su transporte mucho más cómodo entre las estaciones. La búsqueda de la simetría, les otorgó a todos formas redondeadas, por lo que los frutos que se extraen de ellos no son tan numerosos como las especies que crecen de forma silvestre.
Existe otra parte de los jardines de Versalles de gran
arraigo: el Huerto del monarca, de donde salían los manjares que servían de
alimento al monarca y a su corte. Los trescientos años que amparan el cultivo de
algunas especies, ya son excusa suficiente para ver con nuestros propios ojos
las bondades de esta huerta histórica. Por otra parte, hay que considerar el
'arboretum' de Chèvreloup, un espacio donde conviven más de 2.000 especies
provenientes de todo el mundo y, por último, el hoy denominado Gran Jardín,
donde se practicaba la caza durante el Antiguo Régimen.



