Las clivias: agradecidas flores primaverales
Colores vivos y cálidos para tu jardín o balcón. Eso son las clivias, plantas vivaces muy fáciles de cultivar, que producen hermosos ramos de flores de color amarillo y rojo anaranjado, y que puedes plantar tanto en el exterior como en el interior. Con grandes hojas verde oscuro en forma de cinta y menos de 50 cm. de altura, las clivias predominan en muchos hogares adornando jardineras y macetas.
Procedentes de bosques de Sudáfrica, las clivias florecen entre primavera y verano gracias a un escapo floral que nace de las hojas a finales del invierno. De él surge un racimo de entre 10 y 20 flores con forma de trompeta. Tienen raíces carnosas, un tallo largo y grupos de flores que germinan de cada cuatro hojas. Se recomienda tener precaución con la raíz y la savia porque son ligeramente tóxicas.

Cultivo y cuidados
Las clivias son plantas agradecidas, que producen muchas flores y que son muy fáciles de plantar y cuidar. El suelo tendrá que ser neutro o ligeramente ácido, bien drenado y algo suelto. Prefieren zonas de semisombra, con luz, pero sin sol directo. En el interior las orientaremos hacia el norte. Lo más común es tenerlas en casa durante el invierno y sacarlas fuera con el buen tiempo. En los lugares con clima mediterráneo, pueden aguantar bien todo el año en el exterior.
Para cultivar la clivia podemos recurrir a esquejes de raíz o bien a los rebrotes pequeños que surgen en la tierra, próximos a la planta, nada más finalizar el invierno. También se pueden adquirir semillas, aunque hasta que florece tarda una media de tres años.
Las clivias requieren periodos de descanso vegetativo, preferiblemente en invierno, para que las floraciones se produzcan con fuerza y sean intensas. Es muy fácil hacerlo: sólo tienes que disminuir la cantidad de riego en otoño hasta suprimirlo completamente en invierno, época en la que deberán estar en lugares frescos, sin calefacción. Cuando salgan sus primeras flores, ya en primavera, vuelve a suministrarles agua.



